Cultura organizacional y Liderazgo: Entrevista Marta Ro

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«No me dedico a motivar personas. Me dedico a transformar la mentalidad desde la que construyen sus vidas, sus empresas y su legado».
— Marta Ro

¿Cómo logras convertirte en un entrenador de coaching?
Creo que lo primero que tenemos que entender es que el coaching no se trata de darle consejos a alguien ni de motivar para que salga feliz de una sesión. Eso sería reducir profundamente una profesión que tiene un potencial extraordinario.

Llevo casi 20 años trabajando con seres humanos.
Estoy certificada por la International Coaching Federation (ICF), pero considero que mis credenciales más importantes son las miles de horas que he pasado acompañando a personas a confrontar sus creencias, tomar decisiones difíciles, transformar sus relaciones y construir una vida mucho más consciente.

Mi trabajo es una combinación de mentalidad, liderazgo, espiritualidad aplicada y cultura organizacional.

Hoy trabajo principalmente con CEOs, founders, empresarios, familias empresarias y equipos de liderazgo. Porque entendí algo: cuando transformas la mentalidad de una persona que lidera, tienes la posibilidad de transformar la realidad de cientos o miles de personas que están bajo su influencia.
Y eso es lo que más me apasiona.

No me interesa crear personas que dependan de un coach. Me interesa desarrollar seres humanos que aprendan a liderarse, que construyan criterio propio y que tengan las herramientas para gobernar sus decisiones.

Para mí, el coaching no es una profesión para decirle a la gente cómo vivir. Es una disciplina para ayudarla a descubrir de qué es verdaderamente capaz.
Y algo que considero fundamental: no puedes acompañar profundamente la transformación de otros si no estás dispuesto a hacer tu propio trabajo personal.
Yo no creo en los líderes perfectos. Creo en los líderes conscientes, responsables y dispuestos a evolucionar.

¿Cuál ha sido el desafío más complicado en tu carrera?
Creo que uno de mis mayores desafíos ha sido sostener una visión del ser humano que durante muchos años no necesariamente tenía lugar en las conversaciones de negocios.

Hace casi 20 años, hablar de espiritualidad, emociones, propósito, relaciones o consciencia dentro de una empresa podía parecer algo completamente ajeno al mundo empresarial.
Pero yo siempre he creído que un negocio es, antes que cualquier otra cosa, una comunidad de seres humanos.
Y que una empresa no es solamente una máquina para producir dinero. Es uno de los espacios más poderosos que tenemos para evolucionar, contribuir y transformar a la sociedad.

Me ha tocado cuestionar muchas ideas tradicionales del éxito, del poder y del liderazgo. Y también he tenido que cuestionarlas dentro de mi propia vida.
He atravesado un divorcio, rupturas profesionales, pérdidas, reinvenciones y momentos en los que todo lo que creía que era sólido dejó de serlo.

Uno de mis años más difíciles fue 2019, cuando viví una ruptura de sociedad que me obligó a reconstruirme profesional y personalmente.
Y hay algo que hoy sé: las crisis no solamente vienen a quitarnos cosas; también pueden venir a quitarnos versiones de nosotros mismos que ya no nos permiten evolucionar.

Mi mayor desafío ha sido vivir lo que enseño.
Porque es muy fácil hablar de valentía, consciencia, congruencia o transformación. Lo verdaderamente difícil es elegirlas cuando la vida te está confrontando.

¿De qué sirve alcanzar el éxito si en el camino te perdiste a ti mismo?
Por eso, uno de mis mayores compromisos es ayudar a los líderes a construir empresas y vidas exitosas sin sacrificar su humanidad.
Porque para mí, el éxito nunca debió costarte a ti.
Y la congruencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que vivimos es una de las formas más importantes de liderazgo.

¿Cómo iniciaste tu camino en este campo y qué te motivó llegar hasta donde estás?
Yo tengo una obsesión desde hace muchísimos años: el potencial humano. Me fascina que dos personas puedan vivir circunstancias similares y construir realidades completamente distintas dependiendo de cómo piensan, qué creen, qué eligen y cómo interpretan el mundo. Pero mi interés por la transformación humana no nació solamente de una curiosidad intelectual. Nació también de mi propia necesidad de transformarme.

Creo en el trabajo personal porque transformó mi vida. Y creo en los milagros porque considero que mi propia vida es uno de ellos.
Yo no veo una empresa solamente como un negocio. La veo como una comunidad humana con la posibilidad de crear, evolucionar y contribuir.
Y creo profundamente que los negocios pueden ser uno de los espacios más poderosos de transformación que existen en nuestra sociedad.

Y cada vez estoy más convencida de algo: cuando transformas a un líder, puedes transformar una organización. Cuando transformas una cultura, puedes impactar a cientos o miles de personas. Y cuando transformas suficientes organizaciones, puedes comenzar a transformar un país.
Eso es lo que me mueve.

¿Cómo crees que han evolucionado los pensamientos e ideales de los líderes?

Creo que estamos viviendo una de las transformaciones más importantes en la historia del liderazgo. Durante décadas confundimos liderazgo con jerarquía, autoridad, resultados y control. Nos enseñaron que un gran líder era quien tenía todas las respuestas, tomaba todas las decisiones y producía los mejores números.

Pero el mundo está cambiando.. Hoy tenemos inteligencia artificial, acceso prácticamente ilimitado al conocimiento y herramientas tecnológicas que están redefiniendo lo que significa trabajar.
Y eso nos está confrontando con una pregunta extraordinaria: Si las máquinas cada vez pueden hacer más cosas que antes hacíamos nosotros, ¿qué nos va a distinguir como seres humanos?
Yo creo que la respuesta está en nuestra humanidad. En nuestra capacidad de conectar, crear juntos, desarrollar criterio, sostener conversaciones difíciles, construir confianza y generar un sentido de pertenencia.. Por eso digo que la cultura organizacional se está convirtiendo en uno de los activos más importantes de cualquier negocio.
Puedes tener la mejor tecnología, el mejor producto y la mejor estrategia, pero si tienes una cultura débil, tarde o temprano lo vas a pagar. La tecnología se puede comprar. Los procesos se pueden replicar. Pero una cultura poderosa, auténtica y viva no se construye de la noche a la mañana.

¿De qué sirve construir una empresa multimillonaria si destruiste tu salud, tus relaciones o tu paz en el proceso? ¿De qué sirve llegar a la cima si te encuentras completamente vacío?

Es algo que hoy trabajo muchísimo: el duelo del éxito. Ese momento en el que una persona consigue todo lo que creía que quería y descubre que nada de eso garantiza una vida plena..

Creo que necesitamos recuperar una idea fundamental: los negocios también son espirituales.
Y cuando hablo de espiritualidad no estoy hablando necesariamente de religión. Estoy hablando de propósito, de consciencia, de contribución, de evolución y de recordar que lo que construimos tiene consecuencias en la vida de otras personas.
Una empresa debería ser un espacio donde los seres humanos no solamente produzcan, sino también crezcan.
Y hay algo más: creo que todos somos líderes, tengamos o no personas a nuestro cargo. Porque el liderazgo es influencia, y todos influimos en alguien.
El liderazgo del futuro no se trata solamente de crear empresas exitosas. Se trata de crear empresas que contribuyan a que los seres humanos también lo sean.
Y para mí, eso requiere una nueva conversación sobre espiritualidad, propósito, responsabilidad y consciencia.

¿Qué consejo te darías para mejorar a la sociedad y ser mejor?
Dejaría de esperar que el mundo cambie para comenzar a cambiar mi manera de participar en él.
Creo que uno de los mayores problemas que tenemos como sociedad es que nos hemos acostumbrado a entregar nuestra responsabilidad.
Responsabilizamos al gobierno, a nuestros padres, a nuestra pareja, a nuestros jefes, a nuestra historia y hasta a las circunstancias por la vida que estamos viviendo.

Yo creo profundamente que todos somos líderes, independientemente del puesto que ocupemos. Porque todos tenemos la capacidad de influir en la vida de alguien más Y esa influencia es una responsabilidad. Si queremos una mejor sociedad, necesitamos mejores conversaciones en nuestras casas, mejores relaciones en nuestras empresas, más consciencia en nuestras decisiones y, sobre todo, seres humanos dispuestos a hacer el trabajo personal que tanto exigimos de los demás.
Mi invitación es que dejemos de vivir como espectadores de nuestra propia vida.
Que dejemos de esperar el momento perfecto.

Cierre de la entrevista: lo que me gustaría que la gente entendiera de mí. No me dedico a motivar personas. Me dedico a transformar la mentalidad desde la que construyen sus vidas, sus relaciones, sus empresas y su legado. Mi agenda no es solamente el coaching. Mi agenda es elevar la mentalidad de México, humanizar el liderazgo y recordarles a las personas que el éxito no debería costarles su propia vida.

Creo en los negocios como espacios de transformación humana. Creo en el liderazgo como una responsabilidad espiritual. Creo en el poder de las relaciones, en la cultura como una fuerza de creación colectiva y en nuestra capacidad de reinventarnos.