En cada mesa de La Cabrera se enciende algo más que una brasa: se aviva un ritual que nació en Buenos Aires y que hoy sigue viajando por el mundo. Con casi tres décadas de trayectoria, este icónico bistró argentino, creado por el chef Gastón Riveira, ha logrado algo que pocos pueden presumir: servir el asado más auténtico sin perder el sabor de barrio. Ahora, México podrá disfrutarlo de nuevo, esta vez en el corazón de la Colonia Roma, un lugar que parece hecho a la medida para recibir su calor.

Detrás de cada corte perfectamente cocido hay una filosofía clara, que Gastón resume en cuatro pilares: “Menú, ambiente, servicio y administración. Es la base de todo lo que hacemos”, dice. No es solo una parrilla; es un espacio para compartir historias, ver cómo se aviva el fuego y dejarse guiar por asesores gastronómicos que, como dice el chef, “no están para servir platos sin más, sino para aconsejarte, para que vivas una experiencia completa, sin excesos y con todo el sabor”.

Su historia personal es parte de este ADN. Aunque su padre insistió en verlo convertido en abogado, Gastón se rebeló encendiendo brasas. “A mí lo de las leyes no me gustaba. A mí me transformaba en alegría ver el fuego prendido, ver a mi abuelo y a mi papá asando los fines de semana”, recuerda. Esa herencia familiar de parrilla y reuniones largas se ha convertido en la columna vertebral de La Cabrera.

Por su parte el Chef Marcelino Castro, quién ha sido el responsable de llevar La Cabrera en México afirma: “El nuevo local en la Roma mantendrá intacta la esencia de su bistró barroco de barrio. Las brasas estarán a la vista para que todos sean parte del espectáculo del fuego. “El fuego es un show, es un imán para la gente. Les encanta venir, mirar, tomarse la foto. Y a mí me gusta invitar a los comensales a vivirlo, a pasar a la cocina si quieren”, cuenta con entusiasmo.
Israel González y Pepe Fisher, socios del famoso cocinero argentino para esta nueva era de La Cabrera, comparten su filosofía: “La carne no solo se come, se contempla“.



El menú se mantiene fiel a los cortes estrella de La Cabrera: ribeye, asado de tira y la famosa “arañita”, ese corte secreto que, como dice el chef, “es el favorito del carnicero, por eso casi nunca llega a la mesa”. Las carnes provienen de razas Angus, Hereford y Wagyu, siempre certificadas y maduradas con precisión. “La calidad no se negocia”, afirma Riveira. Y si bien los cortes son la estrella, también hay espacio para innovar con postres que mezclan la tradición argentina con ingredientes locales, una forma de rendir tributo a la ciudad que los recibe.



Pero más allá del plato, La Cabrera es ambiente: paredes con detalles kitsch, manteles blancos, copas rebosantes y conversaciones que se alargan mientras chisporrotea la parrilla. “Somos un bistró de barrio, queremos que la gente se sienta cómoda, que vuelva, que sea parte de la familia”, insiste Gastón.






Con su llegada a la Roma, La Cabrera promete convertirse en un punto de encuentro para carnívoros curiosos, foodies exigentes y cualquiera que busque la calidez de un asado argentino en el corazón de la CDMX. Entre brasas encendidas, cortes jugosos y una filosofía que pone la hospitalidad al centro, la nueva sucursal de La Cabrera será, sin duda, una extensión de esa mesa familiar que tanto enamoró a su creador.
“Prender el fuego es nuestra forma de dar la bienvenida”, dice Gastón Riveira. Y cuando la brasa arde, no hay duda: la buena carne, la sobremesa y la amistad se vuelven eternas.